Una mesa de
una silla, sin velas, ni manteles. Una cena para uno.
Una noche
sin luna, un día sin sol, una alma vacía, sentir tantas cosas a la vez, atacado
por la soledad hasta estar desnudo.
Caminando entre
nieblas, hacia lo desconocido, buscando una señal, buscando una caricia o un
suspiro, tu perfume o un te quiero en mi oído.
Cada noche
una súplica, al cielo envió, pensando porque te has ido.
Rogándote aun
en silencio que no me abandones, que aunque ese sea el destino, es inútil hacer
algo al respecto. Ya que al tocar mi pecho, no hay palpitaciones y recuerdo que
mi corazón se ha ido contigo.
Pasa el tiempo, y vuelve el mismo día, recordando que fue la
última vez que estas paredes se llenaban de luz y alegría, y que poco a poco,
se llena de oscuridad, tristeza y melancolía.
A lo lejos escucho el viento, tocando una sinfonía de
lamentos, mientras que sonrío entre lágrimas al escuchar tus pasos, pintando de
amor los pasillos.
Pensando cuando volverás y detendrás este sufrimiento.
Que me traes tantos recuerdos, que hace que te vea dormido y
te sueñe despierto.
José R Ábrego B.