No pensé volver a sentir este
sentimiento, no pensé volver a pedir un minuto de silencio por mi alma que
nuevamente se vuelve a marchar.
Después de continuar caminando
en medio del desierto, haciéndome amigo de la soledad, me he dado cuenta que
las estrellas ya han dejado de brillar, mientras que la luna va dictándole sentencia
a mi corazón, al acercarse la hora de que mis esperanzas dejen de respirar.
Ha sido muy absurdo buscar la
paz donde siempre estuvo la tempestad, buscar la luz donde siempre reino la
oscuridad.
Seguir adelante sonriendo
sabiendo que donde me dirigía solo había llanto y penumbra, donde nunca amanecería,
donde solamente existen sombras.
Es verdad, ha sido muy difícil
olvidar, tus besos, tus caricias y tu amar.
Creo que es el momento de dejar
de pensar todos aquellas momentos que el aire me hacían flotar, intentar
levantar la cabeza y de el laberinto de tus recuerdos poder escapar.
Creo que mi destino es emprender
este viaje solo a lo desconocido.
Sé que algún día volveré a
verte, pero tendré que aceptar que todo está perdido.
Es triste entender que aunque te
amara con toda mi vida, y demostrarte que por ti mi alma respira.
Pero es más triste recordar
aquella noche que no dijiste no somos nosotros, es el destino.
Te escribí mil cartas, mil poemas,
recordándote todo lo que habíamos vivido.
Suplicándote que no me
abandonaras, que no quería mi vida, si no la vivía contigo.
Tantas cosas vienen a mi mente,
al abrir ese viejo baúl lleno de recuerdos que vivimos juntos; Nuestro primer
intercambio de mirada, nuestro primer beso, nuestra primera pelea por celos.
De repente me ataca la ansiedad
y empiezo a llorar como un niño al encontrar aun debajo de mi cama, cubierta de
polvo, esa vieja escalera que construí para poder, juntos algún día tocar el cielo.
Solo quiero que sepas que nunca
seré tu enemigo o tal vez un desconocido, porque siempre en mi corazón y mi
mente estarás conmigo.
Ya la esperanza la he perdido y
a veces me pregunto porque aun respiro, hasta el punto que a veces los
recuerdos no son suficientes.
Pero creo que serán lo único que
en esta soledad me mantendrán vivo.
José R.
Ábrego B.
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