Me
siento nuevamente frente a una hoja de papel arrugada por el tiempo y un bolígrafo
sin tinta, solo pienso en tu rostro que en este verso me inspira… y con eso
puedo escribir un pedazo de mi vida.
No
creo que sea gran cosa, como aquella vez que vimos volar las mariposas, o el día
que te regale la primera rosa.
Pero
en mi pecho guardo el dolor que escribo en esta improvisada prosa.
No
se si la leerás, no se si la entenderás, pero en esta lagrima convertida en
letra. Esta lo que un día fue, el amor del cual nos hablo aquel viejo profeta.
Nunca
tuve miedo en enamorarme de ti, pero solo le temí a que aquel día que nos dijéramos
adiós, llegara y nos dijéramos que nuestra ilusión llegara hasta aquí.
En
una película tonta un hombre dijo que el valor es muy diferente al precio, y
solo con este dolor y sacrificio llegue a entender eso… no se que hice mal, no
se en que falle.
Pero
quiero que lleves en tu mente que en el momento que estuvimos juntos siempre te
ame.
A
veces pienso si fui yo. O que simplemente no fue como se imagino, nuestro amor
unido por un fuego lleno de sentimiento y pasión, pero no creo que exista otro
hombre que te ame, como lo hice yo.
Te
dije muchas veces que. Hasta ya no respirar, yo te iba a amar, pero en esta soledad
ya no tengo que amar, y ya no tengo aire con el cual respirar.
Tal
vez sea un tonto escribiendo esto, tal vez sea un idiota por escribir todo
esto, pero solo quiero que pienses todo lo malo que no nos hizo creer en
nuestro amor.
Tal
ves este verso no era de dolor, tal ves era de amor. Pero solo te digo algo,
cuídate, te quiero princesa y no te
preocupes que por todo el dolor que me causaste, no te guardo rencor.
José Reynaldo Ábrego. B.
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