Una noche, mil estrellas, un cometa, mil centellas.
Aunque no crea que piense en
ella, aunque en el cielo no estén las estrellas, despierto con tu foto en mi
mente, aceptando que mi corazón solo la quiere a ella.
Seguro estoy que en esta vida
nadie es de fiar, pero aunque pasen millones de años, a ella nunca le dejare de
amar.
La distancia me golpea el alma y
me da mucho pesar, pero pasan las horas, y al ver el atardecer desde mi
ventana, no te dejo de extrañar.
No te conozco, y espero verte
pronto, porque al escuchar tu voz por el teléfono al corazón lo exhorto a que
no te deje de amar.
Pasa el tiempo y por cada
momento, mi alma comienza a gritar y reclamar que para existir, asegura
que mi corazón no puede palpitar.
Mientras mi mente tiene un
letrero que tiene tu nombre, pero el orgullo dice que puede vivir aunque finja
de ti no necesitar.
En esta noche de tu ausencia te
vengo a confesar, en ti no dejo de pensar cuando escucho una canción.
Que decía que no tengas miedo
porque yo seria incapaz de romper tu corazón.
Eres el país de mis maravillas y
eso lo tengo presente, aunque en realidad al no concerté, amarte suene
incoherente
Grito que te extraño hasta quedar
afónico.
Pero aunque la vida me deje sin
voz, seguiré gritando a los cuatro vientos, mi vida, te extraño y eres mi más
preciado tesoro, eres mi sueño hecho realidad, mi diccionario dice tu nombre
como de alegría un sinónimo. Simplemente eres mi amor platónico.
José R. Ábrego B.
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